Área de Conservación Documental

 

El Patrimonio Cultural de un pueblo comprende las obras de sus artistas, arquitectos, músicos, escritores y sabios, así como las creaciones anónimas surgidas del alma popular y el conjunto de valores que dan sentido a la vida. Es decir, las obras materiales y no materiales que expresan la creatividad de ese pueblo: la lengua, los ritos, las creencias, los lugares y monumentos históricos, la literatura, las obras de arte y los archivos y bibliotecas.

De allí que el patrimonio considerado como una de las expresiones más elevadas del desarrollo humano, constituya un tesoro invalorable para el estudio y comprensión de las raíces e idiosincrasia de los pueblos, de su sentido de identidad y pertenencia, de arraigo y ciudadanía; en una palabra, de su ser nacional. Pero también, como referente insustituible para la adecuada interpretación del hecho histórico-cultural en su propio contexto.

El Estado venezolano en materia de fomento y conservación del patrimonio cultural, es decir, del conjunto de obras tanto materiales como no materiales producto de la actividad creadora de los pueblos y comunidades y que se consideran como un bien común. Pero que además nos da sentido de cohesión y pertenencia, afirmando nuestra identidad y soberanía como comunidad, como pueblo y como Nación, donde se incluyen a los archivos como custodios de parte de ese “bien común”. Responsabilidad que se recoge en el artículo 99 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que expresa:

“Los valores de la cultura constituyen un bien irrenunciable del pueblo venezolano y un derecho fundamental que el Estado fomentará y garantizará, procurando las condiciones, instrumentos legales, medios y presupuestos necesarios. Se reconoce la autonomía de la administración cultural pública en los términos que establezca la ley. El Estado garantizará la protección y preservación, enriquecimiento, conservación y restauración del patrimonio cultural, tangible e intangible, y la memoria histórica de la Nación. Los bienes que constituyen el patrimonio cultural de la Nación son inalienables, imprescriptibles e inembargables. La Ley establecerá las penas y sanciones para los daños causados a estos bienes”.

La preservación de la “Memoria Colectiva” determina entonces el mantenimiento y la proyección hacia el futuro de una “Historia” que alimenta y sostiene la “Identidad” de un pueblo y por ende el fundamento mismo de lo que fue, es y será. En este sentido, la continua desaparición del mismo -no tan evidente- es un hecho que sucede calladamente, día a día, sin que logre convocar los más urgentes llamados de la comunidad nacional e internacional para frenar tan agresivo avance. El desplazamiento accidental o deliberado de fondos y colecciones; las calamidades naturales, como inundaciones o incendios; los desastres provocados por el hombre como los saqueos y guerras; el deterioro gradual provocado por la ignorancia o negligencia de sus custodios, o bien por su exposición y uso permanente al público, son algunos de los peligros que atentan contra la integridad del patrimonio.

Nuestros país no escapan a tan compleja y difícil realidad a pesar del avance sostenido y creciente de iniciativas (sobre todo a partir de la últimas décadas del pasado siglo) orientadas a la creación y consolidación de museos y galerías (públicas y privadas); de bibliotecas y archivos (también públicos y privados); de declaratorias patrimoniales, como resultado de una voluntad política que asume su compromiso de rescatar para las presentes y futuras generaciones los vestigios de su pasado.  Sin embargo, este proceso de expansión de instituciones abocadas a la custodia del patrimonio, fue más de carácter cuantitativo que cualitativo: se improvisan sedes, se conforman colecciones con el único criterio del “todo vale.”

La ciencia de la conservación, dirigida hacia la conservación preventiva no es otra cosa que la integración de disciplinas como la química, la física, la biología, la ingeniería mecánica, metalúrgica y civil y por último la arquitectura trabajando con todo su aparato tecnológico en pro de la defensa y rescate del patrimonio. En conjunto, las ciencias de la conservación permiten analizar el estado y los componentes físicos, químicos y estructurales de documentos, objetos y obras; detectar los factores que los deterioran y aportar soluciones acertadas para su tratamiento y preservación, con el fin de cumplir con el rol de generar y supervisar proyectos de investigación y de formación en el campo de las ciencias de la conservación, desde un espacio académico inter y trans-disciplinario que responda a las necesidades que tienen actualmente los archivos tantos históricos como administrativos.

Las propuestas de conservación preventiva a medio y largo plazo, forman parte de un proyecto riguroso de intervención y constituyen una importante fuente de información para los responsables técnicos de cada actuación en los archivos. El estudio del edificio, su estructura, características constructivas, edificios próximos y todos los demás aspectos arquitectónicos intervienen en las condiciones de conservación de la documentación. Por ello, identificar los agentes de deterioro existentes, las vías de acceso de insectos o pequeños mamíferos, un grado de incidencia de luz natural agresivo, las  condiciones climáticas del lugar y de su orientación, fuentes de humedad o calor, entre otros, permite optimizar sensiblemente los resultados y por consiguiente una perdurabilidad de la documentación para el disfrute de las generaciones. Pues, resulta fundamental la formación del productor de documentos. La conservación del patrimonio documental del futuro va a depender de decisiones tomadas; no por los profesionales de la conservación sino por los mismos productores que deben tomar tres disposiciones que son transcendentes: la elección de los soportes documentales, la valoración de los documentos y a partir de ésta la eliminación o permanencia de los documentos.